Y no cabe duda de que
“sólo algunos continúan la exploración
de la Alta Noche”,como lo dijo el simbolista Mallarmé,
citado oportuna por nuestra poeta Beatriz Schaefer Peña,
para ubicarnos en su propia obra. Y como Mallarmé, otros
exploradores de la alquimia del verbo en los obscuros santuarios
del corazón y del alma como lo fueron por ejemplo Baudelaire,
Rimbaud, San Juan de la Cruz, temerarios y cada uno a su manera
al comienzo de su búsqueda y solitarios luego cómo
pocos, se atrevieron a expresar la palabra que nace del frío
y la noche más negra, lejos ya de las pasiones y lo mundano,
cuando el latido acompasado del corazón se funde con el silencio
y el viento de sepulcro que congela el alma pero no a la Musa.
Y con la Noche, llegan
los seres de la Noche, y su belleza, su compañía única
y encantadora, su poder e inocencia y también su crueldad.
Dos de ellos evocados en la ceremonia poética de Schaefer
Peña: El Vampiro y la Hechicera.
Y ya en la Alta Noche,
cuando la última estrella, la más hermosa, el Lucero
del Alba llega para colmar toda nuestra solitaria visión,
Schaefer Peña nos conmueve una vez más con su inspirado
poema “El que lleva la Luz” que nos recuerda que la
Llama del Amor & la Vida prevalece, iluminando el altar de la
pasión, transformando en Gracia Divina el viaje a través
de la Noche.
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